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jueves, 24 de febrero de 2011

Reflexiones sobre la vida y la muerte.

Reproduzco aquí un texto de un psicoanalista argentino quien  toca un tema muy ligado a la práctica médica pero  sobre el que no se reflexiona en las carreras de Medicina.
Espero que a quienes lo puedan leer les inquiete lo suficiente como para armar un Foro de debate. Si esto es así, con  la lectura de los comentarios a la nota podremos evaluar la confección del Foro.

Males de la ética del Bien


Por Sergio Zabalza *



El caso de Melina González, de 19 años, es el síntoma de una concepción de la salud que no cuida a las personas. El 19 de febrero pasado, Página/12 –en nota de Mariana Carbajal– informó que, en el Hospital Garrahan, los médicos se niegan a su pedido de recibir una sedación paliativa o terminal que le permita entrar en coma farmacológico hasta el momento de la muerte, próxima e inevitable por la enfermedad que la afecta y que le produce severos dolores. El paradigma que somete a esta joven a semejante tortura es la ética del Bien, que ubica la vida como el valor supremo sin tener en cuenta el deseo, la voluntad ni la particularidad subjetiva. De esta forma, sólo resta la degradación de la experiencia vital, la existencia reducida a un organismo que funciona sin el amparo ni el respeto que merecen las palabras que, no obstante, lo animan.



Se trata de un claro ejemplo de cómo el cuerpo se articula con la política: la salud como precipitado del poder. Marx dejó en claro cómo el cuerpo se constituye a partir del otro: “En cierto modo, con el hombre sucede lo mismo que con la mercancía. Como no viene al mundo con un espejo en la mano, ni tampoco afirmando, como el filósofo fichteano, ‘yo soy yo’, el hombre se ve reflejado primero sólo en otro hombre. Tan sólo a través de la relación con el hombre Pablo como igual suyo, el hombre Pedro se relaciona consigo mismo como hombre. Pero con ello también el hombre Pablo, de pies a cabeza, en su corporeidad paulina, cuenta para Pedro como la forma en que se manifiesta el género hombre” (El capital, México, Siglo XXI, trad. Pedro Scaron, pág. 65).



En Muerte voluntaria (Buenos Aires, Astrea, 2007), la investigadora Gisela Farías se pregunta: “¿Qué tipo de participación debería tener la esfera pública respecto de la intención voluntaria y razonada de morir de un miembro de la comunidad? Sin duda que no puede restringirse únicamente al reconocimiento del sufrimiento que lo impulsa en forma abstracta. Se requiere, entonces, de una participación activa y contextuada como condición de legitimación de derechos a la integridad o a no padecer sufrimientos, puesto que tal como lo plantea Hannah Arendt en La condición humana, los derechos humanos abstractos, los que existen presuntamente con independencia de la comunidad, no son derechos en realidad”.



También Melina convoca al Otro para transmitir su experiencia. Tras reclamar sin éxito a los médicos que la seden hasta morir, la joven aspira a que su experiencia sirva para que los legisladores –el Otro social– se ocupen del vacío legal que la obliga a transitar esta tortura: “Nadie más debería sufrir este calvario. Les pido a nuestros legisladores y políticos que despierten del letargo. Donde hay una necesidad hay un derecho. Yo tengo una necesidad y no hay leyes, no existen. Pido una ley de muerte digna”, dijo desde su cama.



Mientras su cuerpo está sometido a la falta de respuestas originada en una inacción política, esta persona se ocupa del prójimo. Como Pablo, se refleja en el Otro para dar cuenta de sí misma.



* Psicoanalista, Hospital Alvarez.


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jueves, 27 de mayo de 2010

Clase III: El sujeto no es un dato previo. El sujeto es un efecto del hablar.

Materia electiva: El sujeto del Inconsciente definido como el ser que habla.




Clase III:

Dra. Marité Colovini





Un sujeto que no es un dato previo.



En la clase pasada, hablábamos del psicoanálisis en su diferencia con las ciencias llamadas humanas, incluida la psicología, que parten de la idea del hombre como dato previo y se dedican a estudiarlo, explicarlo, describirlo.

Decíamos que para el psicoanálisis, el sujeto del inconsciente es a producir, en tanto alguien le habla a otro en transferencia.

Veamos qué quiere decir esto:

-en primer lugar, que el sujeto del inconsciente no es un dato de entrada, como decíamos del hombre para las ciencias humanas, o la sociedad para las ciencias sociales.

Se trata de un efecto, de algo que hay que producir, y sólo una vez efectuado puede ser explicado, puede reflexionarse acerca de él.

-Además, que no se produce de cualquier manera, sino que se produce a través de que se habla en transferencia.

-hablar, entonces, no es sólo un fenómeno de comunicación, como podría ser el vuelo de la abeja, que comunica al resto la dirección donde se encuentra el polen. Hablar en el ser humano, es realizar el único vínculo posible entre humanos: el lazo discursivo. Pero también, es hablando como se localiza un efecto que llamamos efecto sujeto, ya que es la producción del sujeto del inconsciente.

-en condiciones artificiales, esto es: en las condiciones que instala el dispositivo analítico, hablar a otro permite el fenómeno de la transferencia, a partir de que se le habla a ese del que se espera una respuesta para una falta de saber. Se le habla a quien se supone sujeto de un saber supuesto y hablando alguien descubre que dice más de lo que quiere decir, o dice distinto de lo que quiere decir. Por lo tanto, que algo habla por él, que no responde a su yo intencional y conciente.



Pero veamos ahora el modo en que Freud descubrió el Inconsciente y por ende al sujeto que le corresponde.



En primer lugar, sabemos que Freud abordó a las histéricas con el convencimiento de que los síntomas que ellas presentaban poseían un sentido, a pesar de no ser signo de ninguna lesión orgánica o funcional.

Sentido entonces, no es señal o signo. En medicina, un síntoma es un signo que le indica al médico por donde encaminar sus estudios diagnósticos para alcanzar a establecer la enfermedad que padece el paciente y luego indicar el tratamiento adecuado.

Cuando digo que Freud estaba convencido que los síntomas que las histéricas presentaban tenían un sentido, no se trata de eso, sino del convencimiento de que esos síntomas tenían una significación tal en la trama de la vida de sus pacientes, que venían a resultar un sustituto de alguna satisfacción reprimida. El sentido de los síntomas era para Freud aquello que permitía intercalarlos en la vida de sus enfermas, como parte de esa vida misma. Claro está que las pacientes que Freud trataba, se conducían con sus síntomas de igual manera que cualquier paciente. Ellas acudían a buscar ayuda médica o terapéutica, sin saber concientemente absolutamente nada de la significación de sus sufrimientos. Freud encontró, que sometidas esas pacientes a la hipnosis, entregaban recuerdos infantiles que se asociaban con sus síntomas. Obviamente, en estado de conciencia, las pacientes seguían sin saber nada de esos recuerdos ni de esas asociaciones. Es así que Freud pudo descubrir que había un saber que sus mismas pacientes entregaban, pero que no sabían que sabían. Ese fue el descubrimiento freudiano del saber inconsciente.

¿Por qué digo saber? Digo saber porque los recuerdos “olvidados” en estado conciente y revividos bajo hipnosis se asociaban a los síntomas. Un saber es entonces, la relación de un texto con otro. Llamo texto a los síntomas y también a los recuerdos. ¿por qué el síntoma es un texto? Porque se dice, y es importante cómo se lo dice. No es lo mismo que alguien relate que le duele la cabeza a que alguien diga siento un repiqueteo doloroso en mi frente que me impide pensar. En el caso Elizabeth, la paciente relataba su astasia- abasia diciendo “no puedo avanzar un solo paso”.

Retomando, Freud advierte que sus pacientes le entregan un saber sobre el sentido de sus síntomas que no saben concientemente que lo saben pero que es un saber que debe ser interpretado. Esta es la función que le cabe al analista, interpretar eso que se entrega sin saber que se lo sabe y que se entrega cifrado.

Así, tenemos que a la par que descubre el inconsciente, Freud descubre también que el sujeto de la conciencia no lo es todo, sino que hay un sujeto del inconsciente. Pero también, este descubrimiento le permite avanzar en un modo de tratamiento de esos síntomas que, localizados en el cuerpo, no responden al saber médico, sino a la interpretación del cifrado inconsciente. A la par que se formaba una idea del proceso de la patogénesis, surgía el método de la curación.

Como Freud era un investigador muy formado y apasionado en su tarea, y creía firmemente en la determinación de los procesos anímicos continuó buscando el modo de llegar a explicar el funcionamiento de esta localidad psíquica diferente a la conciencia y halló que los sueños eran productos psíquicos muy apropiados para alcanzar tal explicaciones. Comenzó con los propios, luego con los de sus pacientes, para afirmar que los sueños eran realizaciones de deseos inconscientes y por lo tanto, que el trabajo de interpretación de los sueños podía ser una vía privilegiada para el entendimiento del ICC. Pero también, investigando sucesos de la vida cotidiana, se encontró que en otros fenómenos también podía encontrar los efectos de la división del sujeto en una parte conciente y otra ICC. La psicopatología de la vida cotidiana, es un libro en el que estudia los lapsus, los actos fallidos, los olvidos, los lapsus de escritura. También en otro fenómeno de la vida cotidiana como el chiste pudo relevar la producción del sujeto del ICC.

En una conferencia que dictó en EEUU, Freud explica de éste modo su descubrimiento: “Vemos, que cuando partimos en el tratamiento de un enfermo, de lo último que recuerda sobre un punto determinado, para buscar el complejo reprimido, tenemos todas las posibilidades de inferirlo si el sujeto pone a nuestra disposición una cantidad suficiente de sus espontáneas ocurrencias. Dejamos hablar al enfermo lo que quiera y nos atenemos firmemente a la presuposición de que no puede ocurrírsele cosa alguna que no dependa directamente del complejo buscado. Si este camino de hallar lo reprimido os parece demasiado prolijo, puedo, por lo menos, asegurarnos que es el único practicable. La interpretación de las ocurrencias que exterioriza el paciente cuando se somete a los preceptos psicoanalíticos capitales no es el único de nuestros medios técnicos para el descubrimiento de lo ICC. Al mismo fin conducen otros dos procedimientos: la interpretación de los sueños y la evaluación de sus actos fallidos y actos casuales.”



Para terminar, tengo que decirles que así como he dicho que el síntoma es en realidad un texto formado por el relato del síntoma, también el sueño es en verdad el relato del sueño.

Vuelvo entonces a la afirmación de la que partí: el sujeto del ICC se produce cuando se le habla a otro en transferencia.

El psicoanálisis opera con un único medio: la palabra. La palabra hablada. Asociación libre e interpretación, pilares del dispositivo analítico o preceptos psicoanalíticos capitales en el decir de Freud, son sólo posibles en tanto se establece entre analizante y analista un lazo de discurso. Este lazo es propio del método analítico y de la relación analítica, que llamamos transferencia.

Vuelvo al texto freudiano: “No se si abrigareis la impresión de que la técnica a través de cuyo arsenal acabo de conducirlos es de una extraordinaria dificultad. Mi opinión es la de que está proporcionada al objeto cuyo dominio ha de conseguir. Mas lo seguro es que no se trata de algo que pueda improvisarse, sino que tiene que ser aprendido al igual que la técnica histológica o quirúrgica”.



Aporte del psicoanálisis a la formación de médicos:



En la actualidad, los avances científicos han llevado a intentar relacionar la Psiquiatría con las Neurociencias.

Ahora bien: ¿saben ustedes cómo adquieren su saber los neurocientistas?

Voy a leerles algunas noticias que salen en el suplemento Salud del diario La Nación:



Publicado en la ed. impresa: Ciencia/SaludJueves 18 de mayo de 2006

Noticias
Ciencia/Salud
Nota

Lo sugiere un estudio genético de científicos norteamericanos

1- Humanos y chimpancés se "cruzaron" antes de separarse



Los genomas muestran que hubo hibridación durante cuatro millones de años



Toda familia tiene enredos en su pasado. De eso no cabe ninguna duda. Pero el que hoy describe un grupo de investigadores del Broad Institute y de la Universidad de Harvard, de Boston, supera todo lo imaginable: según un trabajo que publica la revista Nature, nuestros ancestros y los chimpancés se habrían cruzado repetidamente después de una divergencia inicial durante un extenso período de cuatro millones de años.



Los científicos siguieron las huellas de esta sorprendente y compleja historia evolutiva grabadas en los genes. Compararon los genomas de humanos, chimpancés y gorilas utilizando un "reloj molecular" para calcular cuánto hace que divergieron. Se considera que cuanto más tiempo haya pasado de la separación mayores serán las diferencias entre los genes.



Lo que hallaron es sorprendente. En algunos tramos de la secuencia de ADN, la diferencia genética entre ambas especies es grande, lo que indica que esos genes deben de estar aislados unos de otros desde hace casi 10 millones de años. Pero en otros tramos se aproximan tanto que da la impresión de que ambas especies seguían intercambiando material genético hace 6,3 millones de años.



"Lo que esto nos dice es que la especiación de humanos y chimpancés fue muy extraña", dijo Eric Lander, uno de los autores del trabajo, a AP. Según los científicos, una especie ancestral de primates se habría dividido en dos poblaciones aisladas hace unos 10 millones de años, pero habría vuelto a reunirse algunos milenios después. En ese momento, los dos grupos, aunque genéticamente algo distintos, se habrían apareado para dar lugar a una tercera población híbrida en un largo proceso que habría durado millones de años.



Los nuevos hallazgos sugieren, además, que la divergencia habría sido unos dos millones de años después de lo que se creía, hace entre 6,5 y 5,4 millones de años.



"Una especie es un conjunto de individuos que además de parecerse morfológicamente tienen libre flujo genético; es decir, que son capaces de dar descendencia fértil -explica el doctor Alberto Kornblihtt, director del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Todos los humanos pertenecemos a la misma especie; sin embargo, los caballos y los asnos, por ejemplo, pertenecen a especies diferentes, porque si bien pueden dar descendencia, las mulas, éstas son estériles. Muchas veces la especiación no ocurre de forma abrupta, sino que aparecen poblaciones que si bien están diferenciadas morfológica y genéticamente de sus ancestros, durante un tiempo pueden cruzarse (hibridarse) y dar descendencia fértil con ellos. Este trabajo demuestra, a través de la comparación de los genomas humano y de chimpancé, hoy totalmente secuenciados, que la separación entre nuestros ancestros homínidos y los chimpancés ocurrió hace unos 5,5 millones de años, mucho más recientemente de lo que se pensaba. Pero lo más interesante es que esa separación fue la finalización de un proceso que duró aproximadamente 4 millones de años, durante los cuales los futuros homínidos podían todavía hibridarse y dar descendencia fértil con los chimpancés. Este sorprendente hallazgo surge de comprobar que algunos cromosomas humanos, como el X, son mucho más jóvenes, es decir que se parecen más a los equivalentes del chimpancé, que otros."



Según el investigador, aunque a veces las conclusiones que ofrece el "reloj molecular" pueden ser cuestionables, lo que queda en claro a partir de este estudio es que hay regiones del genoma que divergieron antes que otras.



"Es muy extraño. A mí me resulta asombroso -exclama del otro lado del teléfono el doctor Héctor Pucciarelli, antropólogo del Museo de Ciencias Naturales de La Plata-. Los genetistas tal vez estén más acostumbrados..."



Según el especialista, mínimas divergencias en el nivel genético pueden haber producido diferencias funcionales enormes. "Sin embargo -aclara-, los cálculos que hace la genética no se condicen con los que hace la paleontología, porque el que hasta ahora se creía que estaba en el centro de la divergencia entre humanos y chimpancés, Toumaï ( Sahelantropus ), tiene seis millones de años de antigüedad, que según este trabajo sería anterior al momento de divergencia. Por otro lado, la especiación indicaría que está excluida toda posibilidad de hibridación; sin embargo, ellos hablan de una especiación inicial seguida de una regresión durante la cual ambas especies pudieron seguir hibridándose de forma más o menos ocasional, de tal manera que habría algo así como «retornos» evolutivos. Es la primera vez que lo escucho, porque se considera que los procesos de especiación son más o menos unilineales..."



Sin duda, estos hallazgos vuelven a otorgar respaldo experimental a las teorías de Darwin. Explica Kornblihtt: "Entre el ancestro común y el chimpancé y hombre actuales, hubo muchas especies de homínidos que se extinguieron. La única que sobrevivió es el Homo sapiens sapiens" . Y enseguida bromea: "El hombre no desciende del mono; el hombre es un mono, un mono africano".



2- Publicado en la ed. impresa: Ciencia/SaludJueves 28 de julio de 2005

Noticias
Ciencia/Salud
Nota

Nueva hipótesis Podrían borrarse recuerdos traumáticos

Piensan en utilizar fármacos comunes







¿Puede una droga de uso común extinguir el trauma asociado con recuerdos dramáticos?



Según Jim Giles, que lanza la pregunta en el número de Nature que se publica hoy, algunos psiquiatras norteamericanos creen que sí. Ellos afirman que los betabloqueantes, ampliamente utilizados para tratar la hipertensión y los problemas cardíacos, interfieren con el modo en que el cerebro almacena los recuerdos. Si se administran estos fármacos en el momento adecuado, sugieren, las víctimas de desorden de estrés postraumático podrían borrar los períodos de pánico que los acosan.



La idea de que los betabloqueantes pueden ayudar a eliminar recuerdos traumáticos se inspiró en descubrimientos realizados durante la última década. Algunas drogas, por ejemplo, pueden interferir en su evocación.



El betabloqueante propanolol es un ejemplo, dice Giles. Bloquea los neurotransmisores involucrados en la fijación de los recuerdos, y diversos estudios hallaron que roedores que aprendieron a temer un tono musical seguido de un shock eléctrico pierden este miedo si se les administra propanolol antes de emitir el sonido.





3- Publicado en la ed. impresa: Ciencia/SaludViernes 11 de febrero de 2005

Noticias
Ciencia/Salud
Nota

Científicos argentinos descubren claves del diálogo entre neuronas

El conocimiento podría ayudar a tratar la migraña, la epilepsia y otras patologías



Está claro que nuestra capacidad para conocer, recordar y sentir depende de la adecuada comunicación entre las neuronas. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires afirma que la clave se encuentra en un mecanismo que parece facilitar la liberación de neurotransmisores y, por ende, la comunicación entre las células. El trabajo se publicó en The Journal of Neuroscience.



"Lo que mostramos es cómo se produce en las neuronas un cambio plástico de corta duración, por el cual aumenta la eficiencia de la comunicación entre estas células", explica el doctor Osvaldo Uchitel, director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias del Conicet y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.



Desde hace mucho se sabía que si una neurona estimula a otra con intervalos muy pequeños, en el segundo paso la transferencia de información es mucho más eficiente. Ese fenómeno -según detalla el investigador- se denomina facilitación, y consiste en un cambio plástico en la célula.



Cuando una neurona estimula a otra varias veces, con intervalos de 10 o 15 milisegundos, en el segundo estímulo se libera mayor cantidad de neurotransmisores que en el primero.



Se suponía que esta mayor liberación se debía a una acumulación de calcio dentro de la sinapsis, sitio de contacto entre las neuronas. Los investigadores intentaron comprobarlo. Para eso estudiaron una sinapsis (denominada "cáliz de Held") que está presente en los mamíferos y se vincula con la capacidad auditiva. Tiene gran tamaño (veinte veces más grande de lo habitual), lo que hace posible estudiarla de manera detallada.





¿El hombre existe para la ciencia?



Frente a esta posición de la ciencia y a su nuevo descubrimiento: el cerebro, cabe preguntarse si el hombre existe para la ciencia. En efecto, el sistema nervioso de todos los mamíferos esta hecho de la misma materia. Los mecanismos que regulan la máquina cerebral son los mismos, desde los más simples a los más complejos. Solo existen neuronas ligadas por las sinapsis, recorridas por neurotransmisores que dan nacimiento a los átomos psíquicos. A nivel de los mecanismos elementales de la comunicación nerviosa, nada distingue el hombre del animal. Ningún neurotransmisor o receptor, ningún canal iónico es propio del hombre. Solo existe una larga evolución de la materia en el curso de la cual emergen, por azar o por necesidad, la conciencia, el lenguaje y el pensamiento metafórico.



Es decir, que las neurociencias no pueden dar cuenta de los mecanismos inconscientes, de la emergencia de un sujeto, con solo estudiar el funcionamiento neuronal. Este conjunto neuronal constituye el sujeto de la ciencia para los científicos. Nada puede decir, en cambio, del sujeto de la palabra, de la ley, por lo tanto del sujeto del inconsciente. Es el análisis del funcionamiento subjetivo lo que ha permitido formular reglas objetivas sobre la subjetividad.



El psicoanálisis está en una posición de redoblamiento: el sujeto de la ciencia es el sujeto del inconsciente. Es la subjetividad misma que es el sujeto de la cadena significante.



Las relaciones entre la ciencia y el sujeto psíquico son, actualmente, muy distantes. Sin embargo, este alejamiento entre la ciencia y lo humano plantea problemas éticos, como consecuencia del avance tecnológico desenfrenado de la ciencia. La utilización que hacen de sus descubrimientos no parece ser responsabilidad de los científicos. ¿De quién es entonces?, no se sabe. Lo que ellos omiten es pensar que lo que debería ser motivo de investigación profunda es el psiquismo humano, ya que es allí donde moran los deseos, las pasiones, la imaginación del hombre de ciencia. Esta pretensión de “purificación” de todo elemento psíquico por parte del científico, parece irracional y peligrosa para el resto de los hombres sobre los cuales se aplica la pesada tecnología que los descubrimientos de la ciencia produce.



La ciencia está situada entre la renegación de la existencia del psiquismo o su idealización que ubica al sujeto en el plano espiritual. Con esta postura, la ciencia evita el único problema que vale la pena ser abordado: situar el lugar del sujeto de la ciencia en una concepción del sujeto psíquico, es decir el inconsciente.



Esta da lugar a una observación que me parece fundamental. Consiste en preguntarse si el saber científico puede adquirir verdadera validez en tanto que saber sobre el hombre, considerado aislado e independientemente del estudio del psiquismo humano. El silencio sobre el inconsciente que pretende la ciencia, deja de lado al hombre de ciencia. Esto prueba que la razón científica no sabe nada de ella misma. Puesto que si bien es capaz de enunciar las modalidades según las cuales ella –la razón- funciona, fracasa en establecer la relación que esta misma razón, mantiene con los modos de funcionamiento psíquico que le son extraños, pero que ella es el producto. Además, es incapaz de dar cuenta de modos de pensamiento no científicos según los criterios de la ciencia. Es decir, la ciencia se detiene en el umbral del funcionamiento inconsciente. La ciencia que más falla es la ciencia de lo humano productor de ciencia, es decir la ciencia de las relaciones entre los funcionamientos psíquicos científicos y no científicos en el sujeto.



Es por ello, que tratándose de la formación de médicos , consideramos que el aporte del psicoanálisis es específico, ya que se trata del sujeto del inconsciente definido como el ser que habla. Ser hablante que es aquél que demanda al médico su curación. Ser Hablante que porque habla, se diferencia de cualquier otro mamífero. Ser hablante que porque habla ha subvertido su “naturalidad” o animalidad, ya que es también el sujeto que ama., que odia, que piensa, que puede explicar su dolor, que sufre.



No se debe olvidar que en el hombre confluyen tanto el ser biológico (sujeto a fenómenos de causa y efecto, y por lo tanto generalizable), como también el individuo social (con diferencias y particularidades); es en este punto donde se hace necesaria la diferenciación entre el comportamiento humano y la conducta animal, diferencia que remite directamente a la oposición naturaleza y cultura; es la cultura, la sociedad y su organización, lo que siempre marca y ha marcado la diferencia entre hombre y animal.



Es importante notar que en los animales se presentan los instintos en su estado primitivo, “natural”, consistentes en un ciclo de satisfacción neta de necesidades biológicas que responden a su supervivencia.

En el hombre, como ser biológico, están presentes los instintos, pero sujetos a leyes, prohibiciones, ordenamientos y reglamentaciones.

Así el carácter universal, controlable y obediente a leyes de causa y efecto, sería el regido por la naturaleza, mientras que la regla, que impone la cultura y la caracteriza, marca la particularidad.



La regla que curiosamente conjunciona tanto la universalidad de la naturaleza como la particularidad de la cultura es la prohibición del incesto, presente siempre en la historia de la humanidad, en todas las sociedades y razas, con diversas modalidades y penalizaciones, como característica exclusiva y diferencial del hombre ante los animales; es el instinto sexual, la sexualidad, las relaciones con los pares, lo que está reglamentado para el hombre, y no así para los animales.



Esta regla consiste en abandonar la satisfacción plena e inmediata (instintual) de sus impulsos, es el precio que se paga por pertenecer a una sociedad, pérdida que lo convierte en un sujeto escindido, sufriente, y no conforme con dicha pérdida.



Por lo tanto es un sujeto en constante búsqueda de aquello que perdió por la imposición de la ley que es encarnada en él, a través de su introducción en el lenguaje, aspecto también distintivo del ser humano.



Jacques Lacan explica este pasaje naturaleza-cultura no como dos campos excluyentes puesto que “la estructura se encarna”, es decir el lenguaje introduce la ley en lo biológico, recortándolo y trastocándolo, de esta forma la estructura transforma lo natural que de esa forma no deja de existir, pero deja de serlo.

jueves, 13 de mayo de 2010

El sujeto como ser que habla. El sujeto, el discurso y el síntoma

1º parte

Juan Alberto Manino

Exposición del 29 de mayo de 2008



Buenos, días! En el día de hoy trataremos de introducirnos en la concepción psicoanalítica del sujeto. La experiencia del psicoanálisis implica considerar que el sujeto no está solo definido por la conciencia sino que éste es aún y fundamentalmente inconciente. Y para ello partiremos de la cuestión que implica tomar el tema de la subjetividad desde la perspectiva del ser que habla.



Y para nuestro comienzo, en particular, quiero partir desde aquello que es un modo de señalar lo que es la dimensión subjetiva en las “indicaciones” para una recta conducta médica ante el problema de la enfermedad; es decir, partir desde lo que como médico y ustedes como estudiantes de medicina, recibimos como enseñanza a partir de las materias de semiología.



Estas indicaciones nos dicen que, cuando se recibe un paciente en la consulta debemos distinguir aquello que corresponde al síntoma y lo que corresponde a los signos. Y es en esta diferencia que aparece, en primera instancia, el sujeto que habla:



“El síntoma - se dice – es lo que refiere, lo que dice, el paciente sobre su padecimiento”.



Y con lo que dice el paciente, y mediante el interrogatorio, el médico debe proceder de tal manera que pueda derivar aquello que el paciente dice al lenguaje objetivo de los signos; para ello, deberá reducir las “apreciaciones” subjetivas del paciente. Es decir que deberá practicar aquellas maniobras que le permitan definir con la mayor objetividad posible la localización y la causa de los padecimientos en el cuerpo. Subrayo que hay una diferencia entre: lenguaje objetivo y apreciaciones subjetivas, que intentaré demarcar hoy.



Suele ocurrir, que lo primero que escuchamos de alguien que consulta son sus síntomas... Tomemos por caso que yo –como paciente- concurro al médico porque siento un fuerte dolor aquí en el hipocondrio izquierdo y no solo le digo del dolor sino que lo manifiesto con todos los ademanes y gestos corporales posibles; además necesito decirle que este dolor me hace pensar que tengo un problema hepático y que me recuerda haber comido mucho y mal porque estaba muy enojado apropósito de…., etc, etc.



¡º cuestión: poner entre paréntesis los sentimiento del paciente.



Esta reducción de las “apreciaciones”, o “creencias”, o “temores”, o “deseos”, o “convicciones” en el orden del discurso hablado, implica subrayar la importancia de un tipo, un modo de decir, que sea claro y coherente; y con el que se pueda arribar a un juicio objetivo. Es decir, un juicio de deducción hipotética que configure el “diagnóstico presuntivo” que habrá de ser verificado con las maniobras semiológicas y los exámenes complementarios correspondientes.



Como ven, por un lado tenemos un modo valorar el decir del sujeto centrado en estas tres referencias: “decir coherente”, “juicio hipotético deductivo” “verificación empírica”. Por otro lado, podríamos tener otro modo de apreciar, de poner valor al decir del sujeto que enfatiza las aprehensiones, las creencias, etc. Ambos aspectos configuran dos métodos de investigación distintos: el método científico de las ciencias naturales y el método hermenéutico de las ciencia humanas. Entre ambos se encuentra lo esencial del método psicoanalítico. Al que nos proponemos delimitar en el transcurso de las reuniones de este seminario.



Entonces, el dolor en el lado izquierdo será signo de un problema hepático…..



- ¡Perdón!! No sé por qué, me señalo el lado izquierdo y menciono el lado izquierdo como lugar del hígado en mi cuerpo. (risas)



Pero sí hay algo que aún no sabiendo puedo estar seguro; y es que esto que hice al hablar de mi “dolor hepático” no es por ignorancia. Porque sé fehacientemente donde está el hígado en el cuerpo. Por lo tanto, si no lo ignoro lo que me ha ocurrido es un trastorno en mi entendimiento que se llama “acto fallido”. Y por un rato tuve a “mi” hígado alojado en el lado izquierdo.



- ¡Trato de introducirme a partir de cuestiones que sean de alguna manera conocidas por ustedes y, además, que sean claras y coherentes y lo primero que me ocurre es cometer un acto fallido! Ya veremos que lugar asignarle en relación a estas cuestiones del “ser que habla”.



Creo que tomar como referencia lo que han estudiado en Semiología médica puede ser una buena entrada que nos permita tomar apoyo para poder reflexionar respecto al estatuto que podemos dar a una experiencia que se desarrolla enteramente en términos de un diálogo, en términos de la dimensión del sujeto como ser que habla, es decir, la experiencia psicoanalítica. Mientras que, en ciertas experiencias que tengo con el cuerpo, tengo que dejar de lado ciertos aspectos emotivos, subjetivos en el diálogo para concentrarme en la objetividad de los signos; aún la manifestación expresa de dolor debe tener que ser traducida a signos objetivos.



Esto implica una consecuencia importante: que desde esta perspectiva, la de derivación del síntoma al signo, no tengamos muy en cuenta la importancia de la palabra; por así decir, el estatuto y las dimensiones que pueda tener la palabra como hecho de discurso. Por otra parte esto nos ocurre todos los días, solo pensemos cómo hablamos en el discurso de todos los días, en el discurso corriente. Ocurre que cuando hablamos creemos que hablamos con cierta objetividad, de manera realista y necesitamos hacerlo para ser creíbles.



Pero resulta que la experiencia del análisis es la que pone de relieve que, llegado el caso, lo que importa es quien habla y que el analista tiene que estar a la a la altura de un diálogo que le permita soportar, a quién habla, una búsqueda personal en la cual podrá o no encontrar solución a sus síntomas.



Esta es la dimensión sintomática que en la experiencia de la clínica médica se indica que deba ser reducida o, si se quiere, puesta entre paréntesis, y de este modo pasar de la dimensión del síntoma a la del signo. En cambio, en el Psicoanálisis es central tomarlo en cuenta porque indica la subjetividad de la que hablaba recién.



- Se entiende de lo que hablo?...No es necesario que ustedes resten callados, por el contrario, prefiero que podamos establecer un diálogo… así será posible que a partir de lo que pregunten o vuelvan a preguntar me cuestionen y opinen; de tal forma que pueda ratificar o rectificarme en lo que digo.



Porque cuando alguien habla, y este es ahora mi caso, siempre le habla a alguien de quien espera una respuesta para poder reconocerse. Porque no está establecido de antemano que se sepa a quien se le habla hasta tanto este no responda. La única repuesta posible se da en un diálogo. Exactamente lo mismo pasa en la experiencia del análisis, en el diálogo psicoanalítico. El analizante habla y espera una respuesta de parte del analista, encaminada a poder reconocer lo que en el decir le permita superar las dificultades que lo aquejan. Por supuesto que este diálogo tiene además, y no es menos importante, que el analista debe callar, y sobre todo sus opiniones para no influir sugestivamente en el analisante. Ya veremos el valor del silencio del analista en la experiencia de un psicoanálisis .



- Bueno, está dicho que espero de ustedes alguna respuesta.



Hay un esquema con el cual podríamos apoyarnos para poder pensar el estatuto de la palabra en psicoanálisis. Y no vamos a entrar directamente en el psicoanálisis hoy sino que tomaremos prestado algunos conceptos de la lingüística del discurso que nos pueden servir de apoyo. Fundamentalmente a través de ciertos aportes que han hecho Émile Benveniste y Roman Jackobson. Estos aportes nos van a permitir trabajar aspectos que hacen a la experiencia de la palabra en el análisis.



Yo traje para que ustedes lean para la próxima reunión dos artículos de Émile Benveniste … “ De la subjetividad en el lenguaje” y “La comunicación animal y el lenguaje humano” esto nos permitirá poder pensar términos tales como el de “palabra”, “discurso”, “sujeto”… y alejarnos, en lo posible del conocimiento intuitivo que tenemos de estos términos, dado que todos tenemos experiencia con estos términos, aunque más no sea porque hablamos desde el segundo año de vida y escuchamos las palabras de los otros desde nuestro nacimiento, aún antes de comprenderlas, de saber qué quieren decir.



Los otro dos artículos son de S. Freud, del Tomo III de las obras completas que tiene los artículos aparecidos antes de la publicación de su obra capital que es “La interpretación de los sueños”…Creo que es el tomo III…



- (Alguien del público) Están en el tomo VI.



- Entonces tengo ya un hígado a la izquierda en mi cuerpo y un libro ubicado antes que después; prematuro ( ?!). Así que fíjense por donde puedo estar circulando en lo que les estoy tratando de transmitir. Dos cuestiones que aparecen, una en cuanto que algo se desplaza espacialmente y la otra referida al tiempo. Dos cuestiones que deberemos ir precisando respecto al estatuto de la palabra y en cuanto la palabra implica al sujeto.



Tiempo y espacio, son dos condiciones necesarias para pensar la subjetividad y en lo particular, la subjetividad implicada con lo inconsciente. Ya les voy adelantado algunas cuestiones.



Volviendo al artículo de Freud que está en el libro “Psicopatología de la vida cotidiana”. De entrada, con el título mismo, Freud enuncia que no se trata de una psicopatología especial, que pertenezca al campo de lo médico o lo psicológico; sino que el circunstancial de lugar -“de la vida cotidiana”-, produce un desplazamiento de sentido sobre el término psicopatología al quedar situado entre los fenómenos de la vida diaria y no solo al dominio de las “ciencias de la salud”.



Uno de los artículos se llama “Sobre el olvido de nombres propios”, en este artículo van a encontrar…



- Les voy a adelantar algo a propósito de los dos actos fallidos que produje hace un instante :



- ¿Por qué digo que son actos fallidos?... Porque son trastornos, disrupciones, “furcios” que ocurren cuando uno habla o escribe, sin que uno pueda tener dominio sobre el asunto. En este caso, hace un rato, se presentó un trastorno de la memoria, específicamente en la imagen corporal. Yo quería señalar mi lado derecho y señalé el lado izquierdo, por lo cual el hígado me quedaba ubicado a la izquierda; otro tanto ocurrió con la mención de la fecha de publicación del libro de Freud. Yo sé, yo conozco donde está el hígado y cual es la fecha correspondiente a la publicación del libro, pero después que lo dije me di cuenta del equívoco; lo que señala que no es una simple ignorancia. Entonces son equívocos, pero lo que debemos subrayar es que están producidos por una cierta intención que desconozco, es decir que no me es conciente, que no domino. Pero, si supongo una intención debo suponer un sujeto. Ahora, ¿Dónde está él, el sujeto supuesto?



- En fin, todo esto nos llevará a poder pensar el tiempo y el espacio en una estructura de diálogo, es decir, el tiempo del sujeto entre un antes y un después de cometer el acto fallido. Y cómo, esto que acontece sin premeditación, va a remitir a un tiempo pretérito que está en relación con nuestra propia historia subjetiva.



Volvamos a nuestro punto de partida de hoy: la cuestión de la anamnesis. Hay diferencias entre la anamnesis practicada en la clínica médica con la practicada en la clínica psicoanalítica. En la anamnesis médica - además, “anamnesia” significa recordar-, también se intenta que el paciente recuerde, pero se va seleccionando lo que dice el paciente para configurar el perfil de su enfermedad actual o, en un lenguaje más contemporáneo el diagnostico de su problema físico. Siempre seleccionamos, cuando pensamos y buscamos cierta objetividad; por eso tratamos de eliminar las ambigüedades que puedan presentarse.



En cambio desde el punto de vista del psicoanálisis, no hay, de parte del analista, selección del material del dicente, del que habla, del analizante; por el contrario es el que habla quién selecciona y en todo caso esto puede tener diversas consecuencias. En todo caso, el analista debe estar abierto a todo lo que escucha, tratando de interrumpir lo menos posible al hablante, tratando de darle importancia por igual a todo lo que el analizante dice, porque entonces pueden surgir puntos nodales, a propósito de los cuales el analista interviene para que el analizante pueda reconocer cierto fragmento de su vida que se actualiza en el discurso. A lo que hace el analizante se llama “asociación libre”, es decir, libre de estar constreñido a seguir solo un ordenamiento coherente y racional, permitiendo que el analizante diga de aquellas asociaciones espontáneas que en principio censuramos por considerarlas inoportunas, con falta de lógica o parezcan poco importantes, o, porque provocan cierta vergüenza. Este es el ámbito en el cual se desarrolla un análisis y en el cual emergen los recuerdos, los actos fallidos, etc. Correlativo a la “asociación libre”, lo que el analista hace es mantener una atención que llamamos “atención flotante”



Vuelvo entonces al artículo de Freud, en este artículo van a encontrar que lo que le ocurre a Freud en el transcurso de un diálogo es que tiene un olvido, un acto fallido.



El otro artículo se llama “Recuerdos encubridores, recuerdos de infancia” A partir de este artículo tomaremos otro sesgo en la caracterización del estatuto de la palabra en psicoanálisis. Ya no se trata de el fenómeno del olvido sino de lo que pasa cuando recordamos de manera positiva acontecimientos en los que estamos involucrados pero que tenemos dudas de que hayan ocurrido; o por el contrario, qué pasa cuando recordamos acontecimientos que, mediante el análisis, probablemente reconozcamos que están deformados. Por lo cual se nos planteará la pregunta ¿Que valor, qué sentido tienen este tipo de fenómenos para las personas que lo experimentan, mas allá de circunscribirnos a la verdad o falsedad del recuerdo? ¿Qué tipo de verdad se pone en juego que involucra a un sujeto?



Tiempo, espacio y verdad. Tres dimensiones de la subjetividad, que en psicoanálisis se determina en un discurso; mediante la palabra.



- Pudieron observar la deformación que hice recién cuando no me percataba del acto fallido que estaba cometiendo; en el momento que me señalaba el flanco izquierdo como si fuera el derecho, es decir que el gesto que hacía me presentaba, me figuraba, con un hígado a la izquierda y no lo hacía a propósito.



Debemos, enonces distinguir dos ordenes diferenctes en cuanto a la verdad. Por un lado la verdad que se experimenta constatando el valor de un signo objetivo. Es una verdad objetiva, de constatación y a la que arribamos mediante el exámen físico y los estudios técnicos correspondientes. Pero esta verdad que indica lo que un cuerpo tiene. No nos permite entender la verdad que implica para el paciente el hecho de que él sufre. Esta verdad del sufrimiento humano deberá buscarse en la conformación de los síntomas que lo aquejan.



Entonces: primeras tesis que les provocarán diversas cuestiones:

1. La subjetividad es el elemento fundamental de la experiencia del psicoanalista; y el fundamento de esta experiencia está basado en reconocimiento de que existen ideas pensamientos imágenes, afectos que no son concientes sino inconscientes.



- Esto es lo que demarca la subjetividad en psicoanálisis, porque si no tenemos en cuenta la dimensión del inconsciente no podemos hablar de psicoanálisis.



2. la palabra es el medio por el cual se pone de manifiesto la dimensión inconsciente de la subjetividad y que permite que se resuelvan los síntomas. Noten que digo que se “resuelvan” y no que se “anulen” los síntomas, trataremos esto más adelante.



Según Román Jackobson, se puede considerar estructuralmente los elementos que constituyen el discurso. Que el discurso sea una estructura quiere decir que tiene elementos que están relacionados entre sí, donde cada elemento está vinculado con otros en una cierta relación de orden. Estas relaciones implican determinadas funciones.



Contexto de referencia



Emisor -- mensaje -- Receptor

(locutor) (alocutario)

Contacto



Código



Cuyas funciones son:



F. referencial



F. Expresiva F. poética F. conativa



F. Fática

F. metalingüística



Esta estructura implica que hay una relación de vinculación entre el Emisor y el Receptor. Esta comunicación se vehiculiza por intermedio de un canal por donde circula un mensaje. Este mensaje se produce, vinculado además, a un contexto y a un código. Ambos elementos son requisitos necesarios para que el mensaje se realice, es decir que se refiera a algo y que sea dicho según el código. En relación a estos dos elementos (código y mensaje) participan tanto el emisor como el receptor y, además los preexiste a ambos. Suponemos que Uds. y yo tenemos el mismo código lingüístico, la misma lengua, el mismo idioma, el español del Río de la Plata. Este esquema estructural está organizado con el suficiente nivel de generalización, de abstracción de modo que hay un emisor y un receptor intercambiables en términos de quien emite o recibe el mensaje, cualquiera de nosotros puede estar ubicado tanto como receptor como emisor del mensaje. Esto quiere decir que los lugares son sitios vacíos y que solo se realizan en el acto de discurso. Es un esquema que, sin embargo, no señala, no indica específicamente el lugar del sujeto, puesto que es aplicable, también, al mecanismo de cualquier sistema mecánico, por ej. el de un servo sistema como el de la heladera. O, tal como ocurre en la relación estimulo respuesta del sistema hormonal, o con el reflejo tendinoso, por ejemplo.



Como ustedes ven, ahí, en el esquema no hay escrito ningún sujeto. Pero estos elementos nos pueden servir de soporte para poder pensar el problema de la subjetividad en el discurso. Aunque ahí no he escrito ningún sujeto, sin embargo estamos diciendo que se trata de una experiencia de la palabra, que esta palabra se da y se expresa en discurso y que este discurso y el sujeto son los elementos esenciales. En el discurso, se actualiza el lenguaje. En el discurso podemos diferenciar dos funciones diferentes como la del Código ( paradigmas de utilización de la lengua) y Mensaje ( momento puntual de la actualización del lenguaje)



De todos modos, en esta estructura mínima de discurso presentada por Jackobson, hay una manera de presentar las funciones que corresponden a la relación de estos elementos entre sí que excede las limitadas funciones de feed-back. Son las funciones emotiva, referencial, conativa, fática, metalingüística. Que nos serán útiles más adelante.



Tenemos entonces los elementos que configuran una estructura mínima del discurso. Pero no tenemos aquí elementos para especificar la cuestión del sujeto. Para ello, les recomiendo leer el artículo de Émile Benveniste “De la subjetividad en el lenguaje”. Benveniste comienza el articulo a partir de tomar en cuenta un argumento que está instalado en el sentido común que afirma que el lenguaje es un instrumento de comunicación.



Benveniste, justamente, se opone a esta afirmación. Y comienza este artículo de la siguiente manera: “Es algo evidente, que se considera al lenguaje como un instrumento de comunicación. Si el lenguaje es, como dicen, un instrumento de comunicación, ¿a qué debe es propiedad? La pregunta acaso sorprenda como todo aquellos que ponga en tela de juicio la evidencia. Pero a veces es útil pedir a la evidencia que se justifique. Se me ocurren entonces dos razones que justificarían al lenguaje como instrumento de comunicación. La una sería que el lenguaje aparece de hecho empleado así, sin duda por que los hombres no han dado con medio mejor ni siquiera tan eficaz para comunicarse. Esto equivale a verificar lo que deseábamos comprender. Podría también pensarse que el lenguaje presenta disposiciones tales que lo tornan apto para servir de instrumento; se presta a transmitir lo que le confío, una orden, una pregunta, un aviso, y provoca en el interlocutor un comportamiento adecuado cada ocasión”.



Fíjense, que termina este parágrafo vinculando el comportamiento del lenguaje con una descripción conductista. Pero además, señala cuando decimos que el lenguaje es un instrumento de comunicación, lo utilizamos en el sentido descriptivo y hacemos lo que se llama “una petición de principio”; es decir, utilizo el ejemplo o la descripción como el principio de lo mismo que deseo explicar y esto es considerado una falacia lógica.



Por lo cual hay que pensar si el lenguaje es un instrumento. Si tenemos en cuenta que un instrumento es una fabricación humana, es decir, está hecho por el hombre. Por ejemplo: La flecha y el arco, la máquina, etc.. Si el lenguaje sería un instrumento, entonces el lenguaje sería fabricado por el hombre. Y a esto se opone Benveniste: El lenguaje no es fabricado por el hombre sino que el lenguaje está en la naturaleza del hombre. Es de la naturaleza del hombre. No es que se pudiera pensar que en orígenes de los tiempos hubo dos seres humanos que se encontraron y que fabricaron el lenguaje para comunicarse. El lenguaje no es una fabricación humana. El hombre es, en todo caso, fabricado por el lenguaje, o determinado por el lenguaje, consecuencia del lenguaje.



Tampoco el discurso como tal es el lenguaje. Tenemos que hacer esta diferencia: una cosa es el discurso, esto que estoy haciendo yo, esta especie de oratoria, o de monólogo; también –el discurso- puede ser un diálogo…



- ¿Este es un palo para nosotros que no hablamos?



- No!, me di cuenta que tienen demasiados callos para ser afectados por alguna insinuación de mi parte.. Bueno yo les propuse que dialogáramos, para saber si se entiende lo que digo…pero si se entiende no me preocupa que estén callados. Porque es solo para saber si lo que estoy diciendo tiene sentido para Uds.



La cuestión del sentido, también es el otro elemento que tendremos que detenernos a definir. Porque cuando se trata del habla, uno puede estar hablando y estar haciendo una monserga con las palabras: habla para no decir nada. Hablar es enunciar y enunciar con sentido, que las cosas tengan un sentido y que ese sentido pueda ser comprendido por otro. O al menos que ese otro pueda reconocer que lo que digo tienen algún sentido, o que hay alguna intención de mi parte aunque no lo comprenda del todo. Por lo cual pueda surgir la pregunta sobre lo que estoy diciendo. Por ejemplo, en el caso del acto fallido, es podemos suponer que hay allí una intensión pero se desconoce el sentido que pudiera tener.



El tema del sentido es muy importante en relación a la configuración del síntoma. El síntoma –ya sea médico o psicoanalítico- indica que es de alguna manera una respuesta a cierto quiebre, cierta ruptura que se produce en el acuerdo, en la relación del sujeto con el mundo. Tanto cuando lo que se manifiesta en el cuerpo es real como imaginario. Un síntoma está indicando que algo de nuestro estar en el mundo, de nuestro acuerdo con el mundo se des-acuerda, tiene una fisura, un quiebre que nos hace sufrir, no siempre sabemos porqué, ese es el punto sintomático. Y el sujeto buscará, con el médico o con el psicoanalista que se restablezca la continuidad de sentido. Estoy diciendo que buscará, no estoy diciendo que logrará. Esta cuestión es bastante más compleja en su resolución. De todos modos la cuestión del sentido es otro de los elementos esenciales para pensar el estatuto del síntoma. Y cuando decimos síntomas, estamos relevando los elementos que constituyen al sujeto como ser que habla.



Ahora bien, hay diferencia entre sentido y significación, dos términos que comprenden una dimensión que no es específicamente la utilizable en la ciencia naturales pero sí en las ciencias conjeturales o humanas ( antropología, sociología,… psicoanálisis). El sentido y la significación no están dados por una formula matemática; en una formula matemática lo que esta dado es la coherencia del calculo. El sentido es algo así como el “¿que quiere decir? tal cosa”. La búsqueda del sentido esta dado en que cuando hablamos, cuando Uds. hablan o yo hablo hay cosas que no se entienden muy bien, y al rato por otra cosa dicha, lo anterior adquiere significado; adquiere sentido a posteriori, cuando se cierra la comprensión del sentido. El sentido es una cosa que también vamos a trabajar…



Retomando lo anterior, los estaba situando en la diferencia entre discurso y lenguaje. Y lo que Benveniste dice al respecto es que el discurso es el lenguaje puesto en acción. El lenguaje como tal es una entidad que se puede decir virtual. El término de virtualidad nos es comprensible por todos, la virtualidad es parte de la ideología contemporánea, en estos momentos. Pensamos el lenguaje como un elemento virtual, trascendente, y que por lo tanto, es no es un elemento que se pueda visualizar específicamente, o sea, no es que se pueda positivizar, sino que es una entidad ideal, como se dice, trascendente. Por lo tanto, lo que se positiviza son los efectos del lenguaje, lo que es la actualización del lenguaje, es decir, o lo que se pone en evidencia y transcurre como el discurso. El discurso es la puesta en acción, como decir puesta en acto, como decir puesta en escena. Es lenguaje puesto en acción.



El otro elemento que esta en la escena del discurso y de la palabra, -y ahí entramos en otra dimensión del sujeto, de subjetividad-, es que se trata de algo que tiene relevancia como acción. En ese esquema de Jackobson la acción esta presente, porque hay una acción que es una línea de fuerza que va del “emisor” al “receptor”, pero no nos dice nada todavía del sujeto. Y los términos “discurso” y “lenguaje” tampoco me dicen nada, todavía; tengo que buscar en el articulo de Benveniste cuales son los elementos del discurso que me permiten señalar lo que es un sujeto, una definición del sujeto. Por ahora tengo una virtualidad, tengo una acción, se puede decir que no hay acción sin sujeto, Uds. conocen una acción sin sujeto, aunque sea virtual del sujeto… O sea, yo tengo un acto fallido, se supone que ese acto fallido indica que allí hay una intención inconsciente, pero…¿ yo que cometí el acto fallido, lo reconozco como propio a dicho acto? No, porque si lo reconociese como propio seria coherente en mi y entonces no habría un acto fallido, es que hay algo que me hizo decir que el hígado estaba del costado izquierdo que yo no se que es pero que es una dimensión del sujeto que a mi me trasciende; se entiende como la dimensión del sujeto en el inconsciente tiene que ver con algo que trasciende al yo en este caso. Se trata de una acción, la acción ya prefigura que hay un sujeto porque hay una intención.



Pero, también es bueno decir que se produce cuando se da, en el acto de hablar. Es decir tienen que estar en la escena del discurso. El discurso es un puesta en escena, en esa relación entre emisor, receptor, contexto… todo se remite a la escena. Es como cuando alguien arma una obra de teatro y pone los telones, las entradas de los personajes, que hablan, que no hablan, el coro, el contexto. En el discurso hay algo interesante, y es que eso, la estructura de discurso hablado provoca la imaginación, provoca que uno se encuentre en una escena y esta en una escena. Ese es otro elemento a tener en cuenta. Porque digo que es otro elemento a tener en cuenta: porque en el discurso analizante, el analizante habla, recuerda cosas, etc., pero de pronto empiezan a surgir olvidos funcionales en el recuerdo. Quiero decir con esto, no sabe que lo recuerda pero lo recuerda, o sea que son elementos reprimidos, que en su condición de reprimidos no pueden ser reconocidos como propios, entonces se transfieren en lo que se llama el aquí y el ahora de la presencia del analista. En la relación de actualización que tiene el discurso –voy despacio- hay gestos, configuraciones inconscientes, que como son inconscientes son reprimidas, el analizante habla y suspende en todo caso esta cuestión critica de decir esto lo digo, esto no lo digo, etc. Entonces se encuentra que esta diciendo cosas que se las atribuye al analista. Esa cosas atribuidas al analista por ejemplo: (lo que voy a decir es medio burdo pero lo voy a decir igual) “-porque Ud. Hoy cuando me abrió la puerta me miro mal y me estaba reprochando que yo no lo salude bien” Y esto puede ser la actualización de un elemento reprimido que tenga que ver con una escena infantil referida a un sermón recibido por –lo hago muy simple para que se entienda- la persona que cumplía una función allí de preceptor, de padre, etc. ¡Se entiende? Por lo cual es interesante esta puesta en escena, el lenguaje es puesto en acción por el discurso; por eso podemos decir también, como una aproximación al tema, que el inconsciente es puesto en acción en el discurso. Si Uds. me preguntasen porque yo dije hígado no sabría decirles porque, lo que si se es que esto tiene algún sentido, esta motivado por algo que desconozco y que se transmite así. Y no me voy a rasgar la vestiduras porque es muy común que ahora se diga “-Ah!! vos te equivocaste, tuviste un acto fallido, que querés decir con eso, vos sabes el porqué”… y se comienzan a hacer atribuciones desmesuradas. Este tipo de experiencia es muy común, “dijiste tal cosa por otra”. Y lo que pasa es que cuando alguien dice algo… En todo caso el sujeto podrá llegar a saber que propósito inconsciente se transfería si se dispone a analizarlo. En ese momento, la trasferencia hacia el analista y la actitud de analizarlo ocurrido configuran un síntoma en el sentido psicoanalítico propiamente dicho. El síntoma, desde el punto de vista psicoanalítico, se pone de manifiesto en el diálogo analítico y ocurre que una parte de ese síntoma está prenetnte en la persona del analista. El síntoma entonces tiene fundamentalmente una estructura ambigua; es decir una doble dimensión: una parte la reconoce el analizante como propia y la otra y la otra se proyecta en la persona del analista, es decir es desconocida por el analizante.



- Igual cuando alguien se confunde de nombre.



- también… El año pasado me la pasaba cambiando los nombres.



Y eso es un acto fallido, y por lo tanto tiene una contiguración inconsciente, lo cual no quiere decir que uno pueda tan fácilmente decir porque es. Eso requiere análisis, lo que significa que hay que analizarlo para llegar a saber porqué se produjo ese fallido, lo cual no es nada simple. Al menos se requiere tiempo; algo que está bastante limitado hoy día en las consultas médicas.



Bueno, volviendo al lenguaje puesto en acción, lo importante de este artículo, la pregunta por el estatuto de la subjetividad en el lenguaje, en el discurso, por lo cual, la subjetividad en el discurso es la que define al sujeto. El sujeto queda definido en el discurso en tanto dice yo, Y es tal este pronombre que se toma en cuenta…



- voy a acortar, después lo siguen hablando entre Uds. en los grupos de discusión y cualquier cosa me preguntan-



los pronombres personales. Una de las marca en el lenguaje, en la lengua, expresado en el discurso, que son marcas de subjetividad, son los pronombres personales. Así como también ciertas indicaciones referidas a la puntuación de la subjetividad como ser enunciar la locución adverbial “en este momento”, que es un circunstancial de lugar, con el cual marco una cuestión de subjetividad. “Aquí”, “ahora”, “mañana”, los tiempos verbales, etc. también son elementos que indican la subjetividad.



Pero vamos a detenernos en lo que nos interesa que es la puntuación del sujeto. Dijimos que el sujeto en el discurso es aquel que dice yo, y si aquel que dice yo es el sujeto, lo podemos entender, que este pronombre personal es el que hace a la condición de subjetividad en la realización discursiva y, además que no va solo, que el yo va confrontado a un tu.



Entonces hay dos elementos del lenguaje que son pronominales. Fíjense que es un pronombre, Uds. me van a decir que si es un pronombre están los dos en el nombre lo cual estaría indicando a alguien concreto, a una persona en el sentido real del término. ¿Pero como va a ser una persona real en el sentido de ser un sustantivo que significa una cosa del mundo? Como los nombres comunes o los nombres propios? Como por ejemplo el nombre “árbol” que significa, define a un objeto del mundo, como un concepto que remite al árbol real. En este caso si fuese que “yo” remitiese a Manuel, Laura, etc. es imposible de poder referirse puntualmente a quien habla. Entonces el pronombre como función en el discurso, como indicador del que habla, es un elemento vacio que esta ocupado por un “alguien” un “quién” en el acto habla, en el lenguaje puesto en acción, el que habla es eso, alguien que se dirige a un “tu”. Los dos elementos del discurso son el yo y el tú. Por el cual el que habla intima al tu a una respuesta. Esto es central para que veamos que, en la experiencia en el análisis, el analizante activamente al hablar, esta instituyendo al tu. Lo que el analista tiene que darse cuenta es que ese tu que instituye al analista no es su persona propia, no es la persona propia del analista, todas las figuras que el analista debe soportar son todas las figuras que el analisante va transfiriendo; esos tu a quien le habla, es decir, al analista, configuran las figuras mas importantes del analisante y que el analista debe estar dispuesto a ser depositario.



Se entiende entonces que en el hablar hay, de entrada, una producción de trasnferencia. Uds. estuvieron leyendo cosas sobre la transferencia, el amor de transferencia, etc., no? Fíjense que yo les estoy diciendo en este caso que se trata de la transferencia, pero no en el rasgo de “amor de transferencia”, cosa que es otra perspectiva del tema de la transferencia. Lo que digo es que se transfiere por el hecho de hablar, cuando uno habla transfiere al otro las figuras con que inviste, configura, delinea al otro. El otro puede responder o no en el sentido de concordar o discordar, pero siempre se le habla al otro, es el otro al que querría hablar, o si se le grita al otro, es el otro al que se quería gritar, o si se le insulta al otro, es el otro al que quería insultar. Y el otro se lo puede merecer a su vez, yo no digo que no; solo quiero decir que cuando lo hago lo configuro al otro.



Por otra parte, de parte del tu, se perfila la dimensión de quien escucha y esto influirá respecto a cómo se recibe el mensaje y por lo tanto como se define el que habla.





Y al configurar al otro, el Ego se configura como su correlativo. Y entonces el otro emite una respuesta. Este movimiento es lo que hace que un psicoanalista francés que se llama Jacques Lacan plantee que “el sujeto recibe su propio mensaje en forma invertida, como proviniendo del otro”, entonces da este ejemplo: Si le digo a Laura: “Laura tu eres mi mujer”, me configuro como su hombre, recibo mi mensaje en forma invertida, me configuro como el que soy, su hombre, porque el “tu eres mi mujer” me vuelve invertido y me constituye en el decir mismo. A esto Laura puede tomarlo como algo ridículo, entonces me configuro como un disparate. En ese juego es donde la subjetividad se constituye y se acerca más o menos a una cierta verdad, no como realidad, sino verdad, del vínculo, verdad de deseo, de inteinsión y no verdad de estado, de objeto.



El síntoma tiene una relación con la verdad y no con la realidad objetiva. No se trata de un conocimiento objetivo sino de un reconocimiento subjetivo, de sujetos. No digo subjetivo como ilusorio, sino subjetivo en tanto que representa al sujeto. Cuando estoy atendiendo a una persona que habla de su síntoma físico y busco en las maniobras semiológicas, lo que busco es cierta objetividad referida padecimiento corporal, cierta objetividad, cierta realidad –estos términos son correlativos-. Y la verdad que busco es la de la concordancia entre la teoría y su verificación empírica. Pero, el síntoma no es del orden de la realidad, el síntoma en todo caso pone en juego una verdad subjetiva, una verdad del sujeto, una verdad respecto a su experiencia de vida, a como se siente en el mundo, con su familia, con su trabajo. No es del orden del conocimiento objetivo sino del reconocimiento en relación con el otro. Y al cuerpo “propio” como otro. Esta es la experiencia que revela la teoría del discurso según Benveniste.



Y en lo otro, en la búsqueda de objetividad, lo que pone en juego es una realidad, yo busco el signo que me permita inferir objetivamente para configurar una realidad. Esto quiero que lo tengan en cuenta cuando lean “Comunicación animal y lenguaje humano” para la semana que viene, donde vamos a ver porque nos es útil diferenciar la comunicación animal del lenguaje humano. La comunicación realista difiere de la que tiene este sesgo de realidad-verdad, no es una verdad empírica. Si yo digo a Laura que es mi mujer, ella me diría “no señor, yo no soy su mujer, no estamos casados” Pero sin embargo, supongamos, ella me responde con una sonrisa y me devuelve una verdad, la verdad de que estoy haciendo una broma, por ejemplo, entonces me indica que fue escuchado como un chiste, porque me esta diciendo la verdad, pero la verdad de reconocimiento de mi persona como quién hizo un chiste.



El orden de la verdad es otra cuestión que, con respecto al psicoanálisis y, con respecto a la subjetividad en general, no coincide con el orden de la realidad del racionalismo científico; nosotros vamos al cine y vemos una película tremenda y nos conmocionamos, y sentimos y la pensamos y después soñamos, lo que fuese, pero si el soñar es un hecho, una realidad, el significado del soñar es de otra dimensión, es del orden de la verdad, es del orden del acontecimiento subjetivo, e implica la dimensión de la ficción. Vamos al teatro y vemos “Edipo rey” de Sófocles, y ¿por qué nos llama la atención? ¿Por qué nos sigue emocionando? ¿Por qué nos sigue provocando el poder pensar cual es mi “realidad” en relación a Edipo, cual fue la culpa de Edipo, supongamos? Esa pregunta es en el orden de la verdad que implica el reconocimiento del sujeto, no en el orden de la realidad, porque ni Edipo vive actualmente, ni yo estoy en el siglo VI AC.



El estatuto del sujeto como ser que habla, también implica poder pensar el orden de la verdad, que es un orden que no se conjuga con la verdad o falsedad del experimento científico, porque la concertación de la realidad del experimento implica que yo pueda decir si es verdadero o falso lo que yo descubro, y si coincide la variable con la unidad de análisis y será, de esta manera, verdadero o no lo que yo estoy investigando, buscando como verdad. No es en ese orden de verdad, es en el orden de verdad que implica subjetividad.

sábado, 1 de mayo de 2010

PROGRAMA MATERIA ELECTIVA EL SUJETO DEL PSICOANÁLISIS DEFINIDO COMO UN SER QUE HABLA

• AREA SALUD MENTAL




MATERIA ELECTIVA:

(PSICOANÁLISIS)









“El sujeto del psicoanálisis definido como un ser que habla”.



• FUNDAMENTACIÓN:











En el cursado del Ciclo Promoción de la Salud, donde se ha estudiado al ser humano en una triple dimensión biológica, social y psíquica; se han mencionado reiteradas veces nociones provenientes del enfoque psicoanalítico.

Se hace necesario el estudio de conceptos fundamentales para permitir a los estudiantes encontrar la coherencia propia al discurso psicoanalítico.

Comenzando con esta tarea de delimitación conceptual, presentamos este programa intentando dar cuenta de uno de ellos: el concepto de Inconsciente. En los siguientes espacios de materias electivas( 4º y 5º año) continuaremos la serie: pulsión, repetición y transferencia.

El descubrimiento del inconsciente hacia finales del siglo XIX por Sigmund Freud supuso una nueva concepción de la vida psíquica, en ruptura radical con las ideas imperantes hasta entonces.

La lectura de la obra de S. Freud realizada por Jacques Lacan en la segunda mitad del siglo XX, restituye el vigor del descubrimiento freudiano y articula, pero también contrasta y desarrolla, sus referencias a otras disciplinas: Antropología, Lingüística, Lógica Matemática, Topología, Psicología, Medicina.

Es constatable que en lo desarrollado hasta el momento por la currícula, no se puede dejar de lado los conceptos freudianos y la práctica que de ellos se deduce.

El aporte psicoanalítico a la formación médica implica poner de relieve que todo acto médico es el punto de encuentro entre aquel sufriente que demanda alivio y aquel que, dispuesto a “hacer”, se encuentra con la compleja dimensión de la palabra en la cura.

Esta situación indica que en el diálogo médico-paciente no sólo hay una dimensión de conocimiento sino también , e incluso sustantiva, una dimensión de reconocimiento.

Esto último es puesto de manifiesto en ciertos efectos paradójicos que desconciertan a médicos y pacientes cuando no se da la eficacia esperada tanto del diagnóstico como del tratamiento.

Evidentemente estas paradojas no devienen de carencia de información o impericia; sino que señalan la dimensión de la subjetividad presente.

Esta dimensión se pone de manifiesto profundizando la complejidad de la relación del sujeto al inconsciente freudiano.



• OBJETIVOS:



1-Problematizar el concepto de Inconsciente como uno de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.

2-Articular la noción de sujeto al concepto de inconsciente.

3-Reconocer la dimensión de la palabra en el acto médico.

4-Distinguir el estatuto del síntoma en la semiología médica del síntoma como formación del inconsciente.

5-Iniciar a los alumnos en una práctica de la lectura llamada diagonal , que avance hacia situar aquellas cuestiones que se entrecruzan, se despejan y se complejizan a través de los desarrollos argumentativos. (Esta lectura es propia al modo requerido por escritos psicoanalíticos).



• ARTICULACIÓN CON LOS CONTENIDOS DEL CICLO PROMOCIÓN DE LA SALUD.



El concepto de Inconsciente da fundamento a nociones tales como:

-la experiencia de satisfacción y de dolor.

-narcisismo.

-la etiología sexual de las neurosis.

-el complejo de Edipo.

-la pulsión

-la demanda

-el deseo.



Siendo estas nociones introducidas en las áreas que conforman el Ciclo Promoción de la Salud, consideramos corresponde estudiar el concepto, como modo de retomar los fundamentos, desde una perspectiva discursiva específica,.

El estudio de los fundamentos se articulará así a la integración de la perspectiva psicoanalítica con otros saberes y discursos del campo de la Salud Mental, así como a su relación con aquellas del campo de las disciplinas que coadyuvan al sustento epistemológico de la práctica médica.





• CARGA HORARIA.

Total: 70 hs.

Seminario: cinco reuniones de dos horas cada una.(10 hs)

Talleres de lectura: ocho reuniones de dos y media horas cada una.(20 hs)

Práctica de lectura: 36 hs.

Evaluación: dos reuniones de dos horas.(4 hs)



• METODOLOGÍA:



Seminario: exposición de los docentes J.A. Manino y M. Colovini sobre los contenidos centrales de la materia.

Talleres de lectura: Reuniones en pequeños grupos de lectura y discusión de textos freudianos elegidos por su vinculación a los contenidos del seminario, con coordinación del equipo docente.



Las reuniones del seminario y los talleres se realizarán en forma intercalada de tal manera de provocar la lectura con la presentación de los temas y retomar en el seminario la producción de las lecturas realizadas en el taller .



Acreditación :

Asistencia del 75% a las reuniones del seminario.

Asistencia del 75% a los Talleres de lectura.

Evaluación escrita a libro abierto (incluye recuperatorio).









• CONTENIDOS



1-Inconsciente, conciente y preconciente. Irreductibilidad de las instancias. El Inconciente no es el reverso de la conciencia.



2-Sentido y significación de las formaciones del inconsciente: sueño, lapsus, actos fallidos y síntoma.



3-Discurso y lenguaje. Qué quiere decir hablar?



4-El Inconsciente como transindividual falta a la disponibilidad del sujeto de la conciencia.



• BIBLIOGRAFÍA:







Talleres de lectura: (Esta bibliografía será proporcionada a los estudiantes para su utilización)



Freud, Sigmund: -Psicopatología de la vida cotidiana capítulo 8, 9 y 10.

Lecciones introductorias al psicoanálisis: Parte I y II.

Editorial Biblioteca Nueva. Madrid. 1973.

Kristeva, Julia: Qué es el lenguaje. Introducción.

Editorial Argonauta. Buenos Aires. 1994.





Complementaria:



Freud , Sigmund –Lecciones introductorias al psicoanálisis.

-La interpretación de los sueños.

- Múltiple interés del psicoanálisis.

Editorial Biblioteca nueva. Madrid 1973.

Lacan, Jacques: La instancia de la letra en el inconsciente.

Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis.

Editorial siglo veintiuno. México. 1981.



• EQUIPO DOCENTE:



Responsable: María T. Colovini



Docentes:

Juan Alberto Manino.









MARIA TERESITA COLOVINI

Profesora adjunta Paidopsiquiatría

miércoles, 24 de marzo de 2010

jueves, 17 de septiembre de 2009

Electiva El cuerpo y el Psicoanálisis . cursado 2009



Hoy daremos comienzo al cursado 2009 de la Materia electiva El cuerpo y el psicoanálisis. A continuación, algunos datos de la película que veremos como introducción y que guiará nuestras reflexiones a lo largo del cursado.




La escafandra y la mariposa.


Reparto: Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Marie-Josee Croze
Director Julian Schnabel
Productor Ronald Bass, Claude Berri, Kathleen Kennedy, Jon Kilik, Frank Marshall
Duración02:00:00
Estreno viernes 1 febrero 2008
Género Drama
País EE.UU.,Francia
DistribuidoraVértigo Films

Le Scaphandre et le Papillon (conocida en su distribución en castellano como La escafandra y la mariposa y El llanto de la mariposa) es una película dramática dirigida en el 2007 por el ex artista plástico, ahora realizador Julian Schnabel, a partir de un guión de Ronald Harwood basado en la novela autobiográfica del propio Jean-Dominique Bauby. Es una co-producción francesa y norteamericana, tiene 112 minutos de duración, pertenece a los estudios Pathé Films y fue estrenada en Francia el 23 de Mayo del 2007, y en los Estados Unidos el 30 de Noviembre del 2007 (limitado)

Julian Schnabel (nacido en Nueva York el 26 octubre de 1951) es un pintor y director de cine estadounidense de origen judío. Sus tres películas (Basquiat, Antes que anochezca y La escafandra y la mariposa) lo han llevado a ser aclamado en Cannes (Palma de Oro) y a ser condecorado o nominado en los Globos de Oro, en los BAFTA, en los César y en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Como artista plástico se dio a conocer por sus plat paintings ("pinturas planas" o "pinturas aplanadas", en español), que han recibido críticas dispares, y suele clasificársele como parte del movimiento denominado Bad Painting (pintura mala), que es una de las corrientes del neoexpresionismo. Su obra se exhibe en muchos de los principales museos del mundo.


Sinopsis:

En 1995 a la edad de 43 años, Jean-Dominique Bauby, el carismático redactor jefe de la revista Elle en Francia, sufrió un grave golpe. Despertó de un coma 20 días más tarde descubriendo que era víctima de su propio cuerpo. Aunque mentalmente alerta, estaba preso dentro de su cuerpo, sólo capaz de comunicarse con el mundo exterior parpadeando su ojo izquierdo. Forzado a adaptarse a esta perspectiva, Bauby crea un mundo nuevo, examinándose para encontrar las dos únicas cosas que no fueron paralizadas: su imaginación y su memoria.

Con la anterior película de Julian Schnabel, Antes de que anochezca, me ocurrió algo realmente inusual, y es que al contrario de lo que suele pasar, quedé mucho más impresionada con la adaptación a la gran pantalla, que con la novela de Reinaldo Arenas en la que estaba basada. Ese fue el motivo principal por el que desde que La Escafandra y la mariposa era sólo un proyecto, ya estuviera impaciente por verla. A esto se añadió después el éxito del film en Cannes, donde Schnabel ganó su primer premio al mejor director, el Globo de Oro, que le supuso el segundo y la posibildad de conseguir un Oscar, para el que también está nominado en la misma categoría.

Incomprensiblemente (para mí) La escafandra y la mariposa no está nominada a la mejor película, pero no importa porque decisiones (extrañas) de la Academia de Hollywood aparte, Schnabel nos ha ofrecido con su tercer trabajo una auténtica obra maestra, de esas que no sólo no te dejan indiferente, si no que como bien anuncian en el trailer, te puede cambiar la vida.

Como habíamos comentado, la película adapta el libro autobiográfico de Jean-Dominique Bauby, un periodista que en 1995 tuvo un accidente vascular brutal, que le sumió en un coma del que despertó totalmente paralizado. Aunque mentalmente alerta, estaba preso dentro de su cuerpo, sólo capaz de comunicarse con el mundo exterior parpadeando su ojo izquierdo. Forzado a adaptarse a esta perspectiva, Bauby creó un mundo nuevo, examinándose para encontrar las dos únicas cosas que no fueron paralizadas: su imaginación y su memoria.


Partiendo de esta situación, a mi parecer bastante difícil de desarrollar, el film nos sumerge por completo en el pensamiento del protagonista, situándonos desde su inicio en el interior de ese ojo todavía activo, que supone su única ventana y contacto con el exterior. Una voz en off, que principalmente le ha supuesto a Mathieu Almaric uno de sus mayores reconocimientos como actor, nos introduce en la mente de un hombre al que sólo le queda eso, su mente, y nos da una visión muy diferente de la situación de la que hubiéramos tenido si, como suele ser habitual, la perspectiva se hubiera tomado desde fuera del personaje.

Esto ha podido ser así porque Jean-Dominique Bauby dictó todos sus sentimientos y reflexiones a partir del accidente, utilizando un alfabeto con el que se comunicaba a través de un código de pestañeos. Así que gran parte de la magnitud de esta historia se debe a la valentia y voluntad de la persona que la inspiró, pero eso no resta mérito a Schnabel, que ha sabido trasladar sus palabras al lenguaje cinematográfico, transmitiendo todo el abanico de reflexiones y emociones contrastadas, con el que es fácil adivinar que fueron escritas.

Los contrastes son precisamente los que predominan en el film, por encima de todo. Momentos de una belleza sobrecogedora, cortados abrutamente para mostrar la cruda realidad. El cinismo y humor con el que muchas veces se toma las cosas el protagonista, y las caras de compasión, asombro o tristeza con las que le miran a su alrededor. La vida, en mayúsculas, con todo lo que eso conlleva, y la impotencia de no tener otra oportunidad para disfrutar plenamente de lo que se ha comprendido.

Porque la tragedia supuso para Bauby una auténtica lección de vida, que La Escafandra y la Mariposa traslada al espectador sin valerse del drama, el mensaje explícito o la moraleja. No hay tiempo para reflexionar durante el film, porque es imposible no permanecer totalmente atrapado dentro, mientras dura. Pero cuando termina, funciona como una especie de revulsivo, que no se puede explicar con palabras. Para saber de lo que hablo hay que ver la película, que sin lugar a dudas es lo mejor que ha pasado por nuestras carteleras (y seguramente pasará) en mucho tiempo.

Para finalizar iba a proponer que era imprescindible verla en versión original, ya que la voz de Mathieu Almaric es el hilo conductor de toda la historia, pero aún así, si no hay otra posibilidad, creo que lo importante es no dejar pasar la oportunidad de vivir la experiencia que supone dejarse llevar por ella. Sencillamente, inolvidable.